jueves, 31 de octubre de 2019

Deshumanizar a las mujeres...


"Las mujeres no han podido ni votar (en el Sínodo de la Amazonía) al tomar las decisiones que les afectan. Por eso digo sinceramente y con todo respeto, pero también con profundo dolor, afirmo que las noticias que nos llegan del Sínodo son malas noticias. ¿Por qué?
Porque, por más buena y positiva que sea la esperanza de una futura “sinodalidad” constitutiva de la futura Iglesia, así como le esperanza en la ordenación presbiteral de hombres casados, mientras la Iglesia no reconozca y ponga en práctica la igualdad, en dignidad y derechos, de mujeres y hombres, esta Iglesia nuestra dejará y abandonará a más de la mitad de la población mundial marginada, humillada y despreciada, carente de los mismos derechos y de la misma dignidad que se les reconocen a los hombres.
Pero no es esto lo más negativo y doloroso en este asunto. Lo peor y lo más grave de todo es que la Iglesia, al proceder de esta manera, en realidad lo que hace es deshumanizarse a sí misma, al no reconocer ni aceptar la plenitud de la condición humana, en la misma plenitud y con la misma dignidad y derechos en las mujeres que en los hombres. Una institución que hace esto, por eso mismo se queda fuera de los contenidos más elementales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 
La mujer y el hombre son diferentes. Eso es un hecho. Pero la mujer y el hombre no son desiguales. Esto es un derecho. Ahora bien, lo más terrible y violento, que ha hecho la Iglesia, ha sido permitir que las mujeres se vean abandonadas “al libre juego de la ley del más fuerte”, marginando el tema determinante del Evangelio, que no puede quedar reducido a una “creencia religiosa”, sino que, además de eso, tal creencia se acepta y se toma en serio cuando se traduce en un “derecho fundamental”, es decir, cando la creencia que nos presenta Jesús de Nazaret, relativa a la igualdad de todos, se traduce en “la ley del más débil” (Luigi Ferrajoli). Mientras esta ley no se traduzca en un derecho y un deber, que jurídicamente obliga a todos los seres humanos por igual, seguiremos siendo infieles al Evangelio y a la humanidad.
La presencia de la mujer en la sociedad y en la convivencia de los humanos es y será más decisiva cada día. Si la Iglesia no toma en serio la solución al problema de la desigualdad entre mujeres y hombres, el futuro que espera a las generaciones futuras será cada día más problemático y oscuro. Pero no para las mujeres, sino para la Iglesia."

José Mª Castillo

martes, 29 de octubre de 2019

La trampa que el diaconado femenino esconde...


"Estoy en contra del diaconado femenino, porque, de instaurarse institucionalmente, las mujeres seguirían siendo subalternas y estarían al servicio de los sacerdotes y de los obispos, no de la comunidad cristiana. Creo que es hora de pasar de la subalternidad de las mujeres a la igualdad; de su sumisión al empoderamiento; de su estatuto de dependencia a la autonomía; de ser objetos decorativos a sujetos activos. Y eso con el diaconado femenino no se logra, sino todo lo contrario: se prolonga la minoría de edad de la mujeres bajo el espejismo de que se está dando un importante paso hacia adelante y de que se les concede protagonismo, cuando lo que se hace es perpetuar su estado de humillación y servidumbre. Para que se produzca un cambio real en el estatuto de inferioridad de las mujeres es necesario que sean reconocidas como sujetos religiosos, eclesiales, éticos y teológicos, cosa que ahora no sucede.
Cualquier discriminación de género es contraria a los derechos humanos y al principio de fraternidad-sororidad que debe regir en la Iglesia. Sin igualdad, la Iglesia seguirá siendo una de los últimos, si no el último, de los bastiones del patriarcado que quedan en el mundo. En otras palabras, se mantendrá como una perfecta patriarquía. Y para ello no podrá apelar a Jesús de Nazaret, su fundador, sino al patriarcado religioso, basado en la masculinidad sagrada, que apela al carácter varonil de Dios para convertir al hombre en único representante y portavoz de la divinidad."

Juan José Tamayo


sábado, 26 de octubre de 2019

Iglesia católica: masculinidad sagrada y dominio sobre la mujer


"Más allá de algunas declaraciones en favor de la igualdad entre hombres y mujeres y de algunos intentos por incorporar a las mujeres a puestos subalternos, en la Iglesia católica sigue manteniéndose el patriarcado en estado puro, es decir, como sistema de dominación sobre las mujeres, basado en la masculinidad sagrada.
Un patriarcado que se traduce en la exclusión de las mujeres del ministerio eclesial, del acceso directo a lo sagrado, de las funciones directivas, de la elaboración de la doctrina teológica y moral, y en la negación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. 
La Iglesia católica sigue configurada hoy como una patriarquía. Mientras no se conforme y funcione como una comunidad igualitaria –no clónica- de hombres y mujeres, todo intento de reforma terminará en un rotundo fracaso."

Juan José Tamayo


jueves, 24 de octubre de 2019

La compasión auténtica...



"Empiezo por una primera constatación: vivimos en un mundo donde impera la injusticia estructural, avanza a pasos agigantados la desigualdad y hay una pérdida de la compasión. Los progresos tecnológicos no se corresponden con el progreso en los valores morales de solidaridad, fraternidad-sororidad, justicia, igualdad y libertad, como tampoco el crecimiento económico con la liberación de la pobreza. Todo lo contrario: a mayor progreso tecnológico y crecimiento de la economía, menor solidaridad, compasión, justicia e igualdad. Las desigualdades se refuerzan a través de las diferentes y cada vez más profundas brechas que se producen hoy, entre las que cabe citar:
– la brecha económico-social entre ricos y pobres;
– la patriarcal entre hombres y mujeres;
– la colonial entre las superpotencias y la pervivencia del colonialismo;
– la ecológica, provocada por el modelo de desarrollo científico-técnico depredador de la naturaleza, que convierte al ser humano –generalmente al varón- en dueño y señor de la Tierra con derecho a usar y abusar de ella en su propio beneficio;
– la racista entre las personas nativas y las extranjeras;
– la afectivo-sexual entre heterosexualidad y LGTBIQ;
– la intelectual entre conocimientos científicos y saberes originarios, que da lugar a la injusticia cognitiva, al epistemicidio, a la herida colonial y al racismo epistemológico;
– la global entre el Norte y el Sur;
– la religiosa entre personas creyentes y no creyentes, entre sistemas de creencias hegemónicos y contra-hegemónicos, entre iglesias ricas e iglesias pobres;
Especialmente dramáticas son dos situaciones que estamos viviendo con especial severidad durante las últimas décadas. Una es la crisis ecológica, que constituye el principal desafío de la humanidad.
La segunda situación dramática es la de millones de personas migrantes, que llegan a las fronteras de los países más favorecidos huyendo de la guerra, la miseria y los regímenes dictatoriales, ponen en riesgo sus vida hasta perderlas.
Estas y otras situaciones dramáticas son razones más que suficientes para apelar a la compasión como principio, actitud y práctica en nuestro mundo desigual, que resumo en el siguiente decálogo:
1. No hay compasión sin reconocimiento de la dignidad de los seres humanos. La compasión debe traducirse en indignación por la negación de la dignidad de las personas más vulnerables, de las clases sociales explotadas, de los grupos humanos discriminados y de los pueblos oprimidos.
2. No hay compasión sin igualdad y justicia de género. La compasión implica luchar contra las desigualdades de género, etnia, cultura, religión, clase, de identidades sexuales, que sufren las mujeres.
3. No hay compasión sin cuidado de la tierra. Es necesario “cuidar la comunidad de vida con entendimiento, compasión y amor” (Carta de la Tierra).
4. No hay compasión sin defensa de los derechos humanos, pero no en abstracto, declarativamente o con un discurso falsamente universalista; no solo los derechos individuales, que el neoliberalismo reduce a uno solo: el derecho de propiedad, sino también los derechos sociales, ecológicos, los de las personas sin derechos.
5. No hay compasión sin hospitalidad con las personas refugiadas, desplazadas, migrantes que huyen de la guerra y de la pobreza y buscan condiciones de vida digna.
6. No hay compasión sin fomento de los derechos sociales y los valores comunitarios. Por eso la compasión debe combatir el individualismo, la endogamia, el corporativismo, y traducirse en solidaridad, fraternidad-sororidad, com-partir, convivir.
7. La práctica de la compasión lleva a “destronarnos del centro de nuestro mundo” y a colocar el cosmos y la vida en el centro. 
8. No hay compasión sin diálogo interreligioso, intercultural, interétnico y con la naturaleza. La compasión debe llevar a dialogar con otras tradiciones culturales, religiosas, étnicas y filosóficas distintas de las nuestras, y con la naturaleza. Ninguna religión tiene el monopolio de la salvación. Ninguna cultura tiene el monopolio de la interpretación de la realidad. Ninguna filosofía tiene el monopolio de la verdad. Coincido con Raimon Panikkar en que “sin diálogo el ser humano se asfixia, las religiones se anquilosan y el mundo se colapsa”.
9. No hay compasión sin una espiritualidad liberadora. La espiritualidad es una de las dimensiones fundamentales del ser humano y constituye el alimento de la compasión; una espiritualidad que nos libere del miedo, del egoísmo, de la prepotencia.
10. No hay compasión sin práctica de la justicia a través de la participación en los movimientos sociales que luchan por Otro Mundo Posible: un mundo eco-humano, justo, igualitario y respetuoso de las diferencias."

Juan José Tamayo



domingo, 20 de octubre de 2019

Es necesario un sacerdocio distinto...en fidelidad con las originarias comunidades de seguidores de Jesús


"El cristianismo tiene su origen en Jesús de Nazaret. Pero Jesús no fue sacerdote. Jesús fue un laico, que vivió y enseñó su mensaje como laico. Jesús reunió un grupo de discípulos y nombró doce apóstoles. Pero aquel grupo estaba compuesto por hombres y mujeres que iban con él de pueblo en pueblo (Lc 8, 1-3; Mc 15, 40-41).
La muerte de Jesús en la cruz no fue un ritual religioso, sino la ejecución civil de un subversivo. Por eso la carta a los hebreos dice que Cristo fue sacerdote. Pero este escrito es el más radicalmente laico de todo el Nuevo Testamento. Porque el sacerdocio de Cristo no fue "ritual", sino "existencial". Es decir, lo que Cristo ofreció, no fue un rito ceremonial en un templo, sino su existencia entera, en el trabajo, en la vida con los demás y sobre todo en la horrible muerte que sufrió.
Para los cristianos, no hay más sacerdocio que el de Cristo, que consiste en que cada uno viva para los demás. Ni más ni menos que eso. El sacerdocio cristiano, tal como se vive en la Iglesia, no tiene fundamento bíblico ninguno. Por eso en la Iglesia no tiene que haber hombres "consagrados". Lo que tiene que haber es hombres y mujeres "ejemplares". El "sacerdocio santo" y el "sacerdocio real" del que habla la 1ª carta de Pedro (1, 5. 9) es una mera denominación "espiritual" de todos los cristianos.
Además, en todo el Nuevo Testamento jamás se habla de "sacerdotes" en la Iglesia. Es más, está bien demostrado que los autores del Nuevo Testamento, desde san Pablo hasta el Apocalipsis, evitan cuidadosamente aplicar la palabra o el concepto de "sacerdote" a los que presidían en las comunidades que se iban formando. Esta situación se mantuvo hasta el siglo III.
O sea, la Iglesia vivió durante casi doscientos años sin sacerdotes. La comunidad celebraba la eucaristía, pero nunca se dice que la presidiera un "sacerdote". En las comunidades cristianas había responsables o encargados de diversas tareas, pero no se les consideraba hombres "sagrados" o "consagrados". En el s. III, Tertuliano informa de que cualquier cristiano presidía la eucaristía ("De exhort. cast. VII, 3).
¿Qué pasaría si se acabaran los sacerdotes en la Iglesia? Simplemente que la Iglesia recuperaría, en la práctica, el modelo original que Jesús quiso. Lo que pasaría, por tanto, es que la Iglesia sería más auténtica. Una Iglesia más presente en el pueblo y entre los ciudadanos. Una Iglesia sin clero, sin funcionarios, sin dignidades que dividen y separan. Sólo así retomaríamos el camino que siguió el movimiento de Jesús; un movimiento profético, carismático, secular.
El clericalismo, los hombres sagrados y los consagrados han alejado a la Iglesia del Evangelio y del pueblo. Así lo ve y lo dice la gente. La Iglesia se pensó que, teniendo un clero abundante y con prestigio, sería una Iglesia fuerte, con influencia en la cultura y en la sociedad. Pero a los hechos me remito. Ese modelo de Iglesia se está agotando.
Pero lo peor no es nada de eso. Lo más negativo, que ha dado de sí el modelo clerical de la Iglesia, es que quienes han tenido el "poder sagrado", se han erigido en los responsables y, de las "comunidades de creyentes", han hecho "súbditos obedientes". La Iglesia se ha partido, se ha dividido, unos pocos mandando y los demás obedeciendo.
En la Iglesia debe haber, como en toda institución humana, personas encargadas de la gestión de los asuntos, de la coordinación, de la enseñanza del mensaje de Jesús... Pero, una de dos; o Jesús vivió equivocado o los que andamos equivocados somos nosotros.
Por supuesto, el final del clero no se puede improvisar. Probablemente el cambio se va a producir, no por decisiones que vengan de Roma, sino porque la vida y el giro que ha tomado la historia nos van a llevar a eso; a una Iglesia compuesta por comunidades de fieles, conscientes de su responsabilidad, unidos a sus obispos (presididos por el obispo de Roma), respetando los diversos pueblos, naciones y culturas. Y preocupados sobre todo por hacer visible y patente la memoria de Jesús.
Ya son muchas las comunidades que, por todo el mundo, a falta de clérigos, son los laicos los que celebran ellos solos la Eucaristía. Porque son muchos los cristianos que están persuadidos de que la celebración de la Eucaristía no es un privilegio de los sacerdotes, sino un derecho de la comunidad. El proceso está en marcha. Y mi convicción es que nadie lo va a detener."


José Mª Castillo

lunes, 14 de octubre de 2019

Celibato obligatorio: inmadurez sexual y afectiva


"En el ámbito eclesiástico, todavía colean en los medios periodísticos ecos y procesos sobre los abusos de clérigos a menores y el correspondiente encubrimiento de la jerarquía. Tampoco faltan comentarios sobre embarazos de religiosas forzadas por la prepotencia y el dominio clerical sobre las personas. Ha quedado de manifiesto que, en la Iglesia, el abuso sexual ha constituido una práctica generalizada, institucionalizada. Y sin embargo sigue aún vigente el celibato obligatorio.
¿El celibato suprime el impulso sexual?La doctrina cristiana católica proclama, casi como dogma, que “la castidad integra la sexualidad en la persona, acrecienta el dominio de sí mismo e imita la pureza de Cristo”; y además, en el caso de los consagrados, el celibato facilita de manera eminente la dedicación exclusiva a Dios. Esta visión miope, restrictiva, cuando no negativa, sobre la sexualidad descansa en dos imaginarios supuestos: que la abstinencia sexual es clave para la perfección personal y espiritual y que, además, es posible practicarla de por vida. Insostenibles afirmaciones engañosas y quiméricas. Ahí tenemos los abusos practicados, en diversos tiempos y espacios, por perversos y pervertidos personajes de toda la gama clerical.
El deseo sexual es un impulso primario, innato en todo ser humano. Las leyes biológicas ni envejecen ni mueren. El impulso sexual es una básica exigencia de la naturaleza, y la abstinencia prolongada incrementa, como en el resto de las necesidades vitales, la fuerza del impulso sexual, por mucho que se la intente exaltar como virtuoso ascetismo. 
La preparación de los futuros sacerdotes se produce en los seminarios. Los seminarios responden a la idea inicial de captación, afirmación de la vocación y seguimiento de la profesión de sacerdote, el sacerdocio como “medio de vida”. Todo ello se realiza bajo el marco establecido por la Iglesia. La institución se erige en el único organismo dotado de los instrumentos y verificaciones indiscutibles con los que educar a sus futuros miembros.
Resultado. Muchos llegan a ser intelectual y físicamente adultos, pero social, emocional, afectiva y sexualmente inmaduros.
Resulta primordial deslindar y precisar la distinción entre “ley del celibato” e “ideal del celibato”. Y sustituir “obligación” por “recomendación”. Y la reforma significaría revocar la ley del celibato obligatorio."

Pepe Mallo

(artículo completo en la página de Redes Cristianas)

sábado, 12 de octubre de 2019

Encuentro, no doctrina...


"Con el Misterio Pascual, centro de la fe cristiana, es decir, la encarnación, la cruz y la resurrección de Cristo en la historia, se produce la «kenosis» o «abajamiento» de Dios que rompe los esquemas religiosos anteriores. El Misterio se hace persona, no doctrina ni moral ni Ley y el encuentro con la persona de Cristo en la historia libera de la idea de retribución (salvación en la historia mediante el cumplimento de una «ley» o una «ética o ciencia») y abre la Gracia a todos, en especial, a aquellos que sepan ver a Dios en lo débil, lo aparentemente no importante para la vieja mentalidad religiosa (se rompe con la idea de la retribución que atribuye el «éxito» o «fracaso» en la vida al cumplimiento o no de los «mandatos» de Dio), todos somos salvados por la Gracia y no nos «autosalvamos». Si el judaísmo reservaba la salvación en la historia al final de los tiempos, cuando con la llegada del Mesías todo el tiempo se haría sagrado, el cristianismo reconoce en la llegada del Mesías Jesús, la llegada de la Gracia a todos ya en la historia (prolepsis, adelantamiento de los tiempos finales en la figura de Cristo) si nos abrimos al mensaje de Gracia de Jesucristo."

José Antonio Vázquez Mosquera

(Artículo completo en Eclesalia.net) 

lunes, 7 de octubre de 2019

Escandaloso fenómeno...





"La reforma de la Iglesia es imposible si no se lleva a cabo un proceso de participación de todos los creyentes. El fenómeno más escandaloso sin duda ninguna es la exclusión de las mujeres. No son consideradas sujetos morales, porque la doctrina moral la elaboran varones conforme a unos principios patriarcales. No son sujetos teológicos porque la doctrina teológica también la elaboran varones, a partir de una Congregación para la Doctrina de la Fe que impone una autoridad que no necesariamente es la que mejor responde al espíritu originario del cristianismo. No son sujetos religiosos ya que no pueden acceder a la esfera de lo sagrado si no es través de la mediación de los varones (sacerdotes, obispos, papa…). No son sujetos eclesiales ya que no pueden ejercer funciones directivas, ni asumir puestos de responsabilidad en la comunidad cristiana.
En este terreno Francisco parece que va a mantener similares planteamientos excluyentes de las mujeres que sus predecesores. Ya ha cerrado la puerta de acceso de las mujeres al ministerio sacerdotal. No parece que sea una actitud muy inclusiva. Más bien, resulta abiertamente excluyente."


Juan José Tamayo

viernes, 4 de octubre de 2019

Funcionarios de lo santo...


"Jesús no fundó el clero. Ni fundó sacerdocio alguno. Eso no consta en ninguna parte, en todo el Nuevo Testamento. Y mucho menos, a Jesús ni se le ocurrió instituir un cuerpo o estamento de “hombres sagrados”, una especie de funcionarios de “lo santo”, que viven de eso y con eso salen del anonimato de los hombres corrientes, para constituirse en una “clase superior”. Jesús no pensó en nada de esto. Lo que Jesús quiso es “discípulos” que le “siguen”, es decir, que viven como vivió Jesús. Dedicado a curar dolencias, aliviar penas y sufrimientos, acoger a las gentes más perdidas y extraviadas. Así nació el “movimiento de Jesús”. Y así se expandió por el Imperio. Hasta que, progresivamente, la creciente importancia del clero y sus ceremonias, sus templos, sus normas… desplazando el centro: del Evangelio a la Religión. De la compasión por los que sufren a la observancia y la sumisión a la religiosidad establecida."


José Mª Castillo

martes, 1 de octubre de 2019

Comunión, ya somos uno...


"El nivel más profundo de comunicación no es la comunicación, sino la comunión. No tiene palabras. Está más allá de las palabras. Está más allá del discurso. Está más allá del concepto. No es que descubramos una nueva unidad, sino que descubrimos una vieja unidad: ya somos uno. Pero imaginamos que no lo somos. Y lo que tenemos que recuperar es nuestra unidad original. Lo que tenemos que ser, es lo que ya somos."


Thomas Merton

sábado, 28 de septiembre de 2019

Devocionarios, tradiciones e infantilismo religioso...


"Las convicciones religiosas no pueden reducirse a una visión estática de las tradiciones y tampoco a una visión deliberadamente ingenua de las relaciones humanas. Las convicciones religiosas, igualmente, no pueden reducirse a la ola de las más variadas devociones que se propagan a través de los medios de comunicación. Es más, no podemos seguir tratando al pueblo como ignorante e incapaz de formular preguntas inteligentes en relación con la iglesia.
Sin embargo, los sacerdotes comunicadores creen estar tratando con personas pasivas y, entre ellas, muchos jóvenes que desarrollan un culto romántico alrededor de la figura del papa. Los religiosos mantienen esta situación a menudo cómoda por ignorancia o avidez de poder. 
Aducir la interferencia divina para legitimar las decisiones que la Iglesia Católica Jerárquica impone, prescindiendo de la voluntad de las comunidades cristianas esparcidas por todo el mundo, es un ejemplo flagrante de esta situación. 
Es como si quisieran reafirmar erróneamente que la Iglesia es en primer lugar el clero y las autoridades cardenalicias a las cuales es conferido el poder de elegir un nuevo papa y que ésta es la voluntad de Dios. A los miles de fieles corresponde sólo orar para que el Espíritu Santo escoja al mejor, y esperar a que el humo blanco anuncie una vez más el “habemus papam”.
De manera hábil siempre están tratando de hacer a los fieles escapar de la verdadera historia, de su responsabilidad colectiva por el recurso a fuerzas superiores que dirigen la historia y a la Iglesia.
Es una lástima que estos formadores de opinión pública estén viviendo todavía en un mundo que es teológicamente,  y tal vez incluso históricamente, pre-moderno, donde lo sagrado parece separarse del mundo real y situarse en una esfera superior de poderes a la que sólo unos pocos tienen acceso directo. 
Es desolador ver cómo la conciencia crítica, en relación a sus propias creencias infantiles,  no haya sido despertada para su bien personal y en beneficio de la comunidad cristiana.
Parece que hasta destacamos los muchos oscurantismos religiosos presentes en todas las épocas, mientras el Evangelio de Jesús continuamente convoca a la responsabilidad común de unos con los otros.
Estos privilegios, tanto del punto de vista económico, como político y socio-cultural, mantienen al papado y al Vaticano como un Estado masculino aparte. Pero un Estado masculino con representación diplomática influyente y servido por miles de mujeres en todo el mundo, en las diferentes instancias de su organización. Este hecho nos invita también a reflexionar sobre el tipo de relaciones sociales de género que este Estado continua manteniendo en la historia social y política actual.
Las estructuras pre-modernas que todavía conserva este poder religioso necesitan ser confrontadas con los anhelos democráticos de nuestros pueblos en la búsqueda de nuevas formas de organización que se correspondan mejor con los tiempos y grupos plurales de hoy. Deben ser confrontadas con las luchas de las mujeres, de las minorías y mayorías raciales, de personas de diversas orientaciones sexuales y opciones, de pensadores, científicos y trabajadores de las más variadas profesiones.
Necesitan ser reelaboradas en la perspectiva de un mayor y más fructífero diálogo con otros credos religiosos y con las sabidurías esparcidas por todo el mundo."


Ivonne Gebara

jueves, 26 de septiembre de 2019

Un problema sin resolver...





"Que los derechos humanos constituyen un problema no resuelto en la vida y en la organización de la Iglesia, es algo que todo el mundo sabe y que los mismos dirigentes eclesiásticos reconocen públicamente.
Hasta este momento, no existe un documento oficial de las autoridades eclesiásticas aceptando públicamente el texto de la Declaración y comprometiéndose a ponerlo en práctica.
Y la razón de este hecho es clara: la Iglesia católica, tal como está organizada y tal como de hecho funciona, no puede aceptar el texto íntegro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Porque no puede aceptar la igualdad efectiva y real de hombres y mujeres. Ni la libertad de expresión y enseñanza sin recortes. Ni las garantías jurisdiccionales en el enjuiciamiento y medidas disciplinarias. Ni la participación de todos los miembros de la Iglesia en la designación de los cargos eclesiásticos. Y la lista, en lo referente a derechos humanos, se podría alargar mucho más."


José Mª Castillo

martes, 24 de septiembre de 2019

Autenticidad, o zumbido rentable...


"Para ser auténtica, la religión contemporánea tiene que eludir prácticamente toda definición religiosa. Porque ha habido infinitas definiciones, infinitas descripciones, y las palabras se han convertido en dioses.  Hay tantas palabras, que no podemos acercarnos a Dios mientras lo concibamos mediatizado por las palabras... Cuando se le fuerza rigurosamente a ubicarse más allá de las palabras, estas se multiplican como moscas y la religión se convierte en un enorme zumbido, muy rentable, muy sagrado, muy falso."

Thomas Merton