jueves, 28 de diciembre de 2023

Creer en Jesús…


 “Creer en Jesús significa contar con una fuerza que nos sostiene mientras creemos naufragar; con una voz que nos pregunta quiénes somos cuando hemos dejado de entendernos a nosotros mismos; con un poder que nos protege y nos permite dejar de responder a la violencia con violencia; con unos ojos que nos miran bondadosa y comprensivamente, con tristeza, pero también con alegría, la alegría de saber que bajo su mirada, y al margen de lo que haya pasado, nos atreveremos a mirarnos de nuevo a los ojos. Creer en Jesús es contar con que somos depositarios de una confianza que nos proporciona la fuerza que necesitamos para volver a creer en nosotros mismos.”


Eugen Drewermann 

miércoles, 20 de diciembre de 2023

La salvación…



“Decir “salvación” es decir plenitud. Plenitud que es, a la vez, la mayor aspiración humana y la inequívoca voluntad De Dios.


Salvación como plenitud significa hablar de una salvación que abarca a toda la persona y a todas las personas.


Salvarse es vivir, o mejor aún, ser. Sin dicotomías ni dualismos, porque la realidad es indivisible. Y, al ser, reconocemos que somos en Dios. Al ser, nos reconocemos en unidad con todo. Dicho de otro modo, situarnos en dimensión divina es, como tanto insistía Jesús, situarnos en dimensión fraterna. Por eso, cuando amamos, estamos viviendo, incluso sin saberlo, la salvación.


¿Qué es pues la salvación? Vivir lo que somos, integrando todas las dimensiones del ser humano: la corporalidad y su prolongación en la naturaleza y el entorno ecológico; la dimensión psicológica y social, espiritual y utópica de la persona.”


Enrique Martínez Lozano  

sábado, 16 de diciembre de 2023

Experimentar a Dios…



 “La búsqueda de la experiencia de Dios constituye el centro mismo de la fe viva y personal y el contenido principal de toda teología, con independencia de sus tendencias y corrientes.

Experimentar a Dios no es pensar sobre Dios, sino sentir a Dios con todo nuestro ser.


Para encontrarnos con el Dios vivo y verdadero a quien poder entregar el corazón necesitamos negar a aquel Dios construido por el imaginario religioso y atrapado en las redes de la doctrina.


Después de habernos sumergido en Dios y haber sentido cómo nace de dentro mismo de nuestro corazón, podremos libremente reasumir las imágenes y las doctrinas, las cuales, una vez desprendidas de su pretensión de definir a Dios, se transfiguran en metáforas con las que nos acercamos al Misterio para no resultar abrasados por este.


Aun sin un nombre adecuado, Dios arde en nuestro corazón e ilumina nuestra vida. Entonces no necesitamos ya creer en Dios. Simplemente, sabemos de su existencia porque lo experimentamos.”


Leonardo Boff

domingo, 10 de diciembre de 2023

La metáfora del camino…



“El camino es una metáfora universal para referirnos a nuestra existencia, constante y “obligado” caminar, incluso a pesar nuestro. En cierto modo, podría decirse que estamos “obligados” a caminar, de la misma manera que estamos “obligados” a ser libres. No salimos nunca de la paradoja.


En otros momentos de la historia, los humanos creyeron que se trataba de un camino hacia “algo” o “Alguien” fuera: el nivel mítico de consciencia no puede imaginarlo de otro modo, por cuanto creía en otro mundo paralelo habitado por dioses. Así, la vida se entendía como un camino hacia Dios (hacia el cielo) o incluso, como en la tradición bíblica, se hablaba de Dios que caminaba hacia nosotros. Así hay que entender el texto que se lee hoy, en la cita de Isaías con la que Marcos inicia su evangelio: “Preparad el camino al Señor”.


Las tradiciones sapienciales y espirituales, sin embargo, siempre han entendido que el camino del ser humano es un “camino sin camino”, por cuanto la meta a la que habría que llegar no se halla lejos, ni fuera, ni en el futuro. Somos ya eso que andamos buscando. Se trata, en consecuencia, no de perseguir algo externo, sino sencillamente de caer en la cuenta de lo que ya somos. No hay que alcanzar algo; solo hay que reconocerlo.


Es cierto que todo empieza por la búsqueda, que nace, no solo de la necesidad, sino también del anhelo profundo que nos habita. Necesitamos cosas que nos llenen, pero anhelamos también aquello que trasciende el mundo de los objetos. El ser humano es un buscador desde el inicio mismo de su existencia. 


En un primer momento, se volcará hacia fuera, pensando que así encontrará aquello que lo sacie. Con el pasar de los años y tras varias crisis y frustraciones padecidas, tal vez dirija la mirada hacia su interior y llegue un momento en que se haga consciente de que no hay nada que buscar, porque ya es, en su dimensión profunda, todo aquello que anhelaba.”


Enrique Martínez Lozano

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Bienaventuranzas de Adviento…




“Felices quienes siguen confiando, a pesar de las muchas circunstancias adversas de la vida.

Felices quienes tratan de allanar todos los senderos: odios, marginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias.

Felices quienes bajan de sus cielos particulares para ofrecer esperanza y anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.

Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una señal, y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha...

Felices quienes denuncian y anuncian con su propia vida y no sólo con meras palabras.

Felices quienes rellenan los baches, abren caminos, abajan las cimas, para que la existencia sea para todos más humana.

Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad y reparten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras.

Felices quienes cantan al levantarse, quienes proclaman que siempre hay un camino abierto a la esperanza, diciendo: "No tengáis miedo, estad alegres. Dios es como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca, sino que nos acompaña y nos alienta, pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad.”


Miguel Ángel Mesa Bouzas

domingo, 3 de diciembre de 2023

Adviento, descanso consciente apoyado en la confianza…



“Algunas parábolas, probablemente por influjo de los responsables de las primeras comunidades, acabaron tomando un tono, no ya solo moralizante, sino incluso amenazador: el “dueño de la casa” podría aparecer en el momento menos pensado, dispuesto a castigar el menor descuido.


Es una pena, porque el tono moralizante y amenazador, no solo desvirtúa la sabiduría que la parábola contiene, sino que hace que sea desechada por una mente adulta.

La sabiduría se mueve en otra dirección: no hay que “velar” para que no nos castiguen, sino para vivir cada vez más en plenitud, es decir, en coherencia con lo que realmente somos.


Velar significa estar despierto, por contraposición al sueño, que es sinónimo de despiste, ignorancia y confusión, que acaban en sufrimiento. Así entendida, la parábola plantea esta cuestión: ¿quieres vivir despierto, consciente de quien eres, acogiendo la vida y permitiendo que la vida se viva en ti, o prefieres seguir sobreviviendo en la superficie, a merced de lo que suceda, ignorante de tu referencia interna o brújula interior?


Pues bien, lo que marca la diferencia entre vivir despierto o sobrevivir adormilado es la atención: eso significa la invitación a “velar”. Atención no es tensión, como alguien parece entenderla, sino todo lo contrario: descanso consciente apoyado en la confianza.


Vivir en la atención (la única manera de vivir con gusto y sentido) significa vivir en presente. Desde ahí, podemos recordar el pasado e incluso preparar el futuro, utilizar la mente (como una herramienta) cuando la necesitamos y comprometernos en procesos de cambio individual o colectivo. Pero nada de eso tiene por qué sacarnos del presente y, en último término, de la presencia que somos.


Vivir en la atención significa vivir en conexión con nuestra verdadera identidad, en ese “lugar” donde, más allá de los movimientos mentales y emocionales, experimentamos de manera estable la paz y la vida.”


Enrique Martínez Lozano