“Me reafirmo en la idea de que las santas misas/celebraciones eucarísticas, con teología, sentido de la realidad, historia y efectividad sacramental, demandan revisión/reforma pronta, seria y profunda.
Los responsables directos del tema, y casi en exclusiva, habían sido y son los liturgistas o “maestros de ceremonias”. Obsesionados con el rito, su intención se centraba y centra en salvar lo establecido canónicamente y hasta sus últimas consecuencias.
Las misas son esquemas de vida. Y la vida es cambiante. A las misas de hoy les sobran ceremonias, ritos y perennidad de los mismos. Les faltan improvisación y acomodación al medio y a las circunstancias que viven y definen a quienes, de alguna manera, participan en ellas.
Las misas son “la cena del Señor” y no siempre, ni mucho menos, habrán de ser los varones, y además “consagrados”, con vocación/carrera para presidir la tarea/ministerio de presidencia en las mismas. Quienes presiden la Eucaristía no tienen por qué ser “funcionarios” eclesiásticos.
Antonio Aradillas