“Deja hablar al corazón,
Esther Fernández Lorente
“Deja hablar al corazón,
Esther Fernández Lorente
“Ya que las palabras, Dios mío, no están hechas
para permanecer inertes en nuestros libros,
sino para poseernos y recorrer el mundo en nosotros;
permite que de esta hoguera de alegría
que tú encendiste antaño sobre una montaña,
que de esta lección de felicidad,
sus chispas nos alcancen y nos penetren,
nos rodeen y nos invadan;
haz que, habitados por ellas,
como pavesas en los rastrojos,
recorramos las calles de la ciudad,
marchemos junto a la oleada de la multitud,
contagiando felicidad,
contagiando alegría.
Porque estamos verdaderamente cansados
de todos esos pregoneros de malas nuevas,
de tristes nuevas.
Hacen tanto ruido
que ya ni siquiera suena tu palabra.
Haz estallar nuestro silencio,
palpitante con tu mensaje,
en su estruendo.
En el tropel sin rostro
haz pasar nuestra alegría ensimismada,
más clamorosa que los gritos
de los vendedores de periódicos.
Más invasora
que la tristeza inmóvil de la masa.”
Madeleine Delbrel
“La palabra Dios (Deus, Dieu, Dio…), derivada de la raíz indoeuropea deiw (“luz”) es una metáfora: una expresión que, más allá de su significado, nos remite al Misterio último o a la Realidad primera inefable. Lo mismo sucede con la palabra God (o Gott…), derivada de la raíz indogermánica gheu (“invocar”), y así podríamos seguir, de metáfora en metáfora, con todas las palabras con que en las diversas lenguas se dice Dios. Sería una bella y humilde, reveladora teología metafórica de lo Inefable.
Miles de millones de seres humanos designan todavía con la metáfora “Dios” (en todas sus versiones) lo más real, lo más sagrado e indecible de todo lo real: la creatividad que lo anima y nos interpela.
En cualquier caso, no se trata de utilizar una palabra u otra, de sustituir un nombre por otro. Tampoco se trata de creer o dejar de creer algo. Se trata de crear, de dejarnos crear y de que seamos agentes de la creatividad sagrada, a saber, de que hagamos que donde haya guerra pongamos paz, donde haya odio pongamos perdón, donde haya muerte pongamos vida, y donde haya destrucción pongamos creación.”
José Arregi
“Qué inseguros son,
aunque quieran ocultarlo,
los hijos de la ley.
Esconden sus temores
tras el cumplimiento.
Pesan el deber
en básculas trucadas.
Convierten las normas
en coartada
de lo injusto.
Confunden virtud
con acatamiento.
Insultan con lengua de fuego.
Aprietan con guante de seda.
Patean con bota de hierro.
Cargan lo que no llevan
sobre espaldas ajenas.
Desprecian con una sonrisa.
Ignoran las heridas
y los motivos
de quien sufre
de quien busca,
de quien cae,
de quien no cabe
en ese marco imposible
que han convertido en prisión.
En algún momento olvidaron
la única ley que nos diste,
el amor,
más valiente, exigente y humano
que todos los espejismos
con que solemos engañarnos.”
José Mª Rodríguez Olaizola
“El Camino de la Exclusión (no soy esto, no soy aquello) nos lleva de la creencia (soy algo) a la comprensión (soy nada).
El Camino de la Inclusión (soy esto, soy aquello) nos lleva de la comprensión (soy nada) a sentir y comprender que (soy todo).
El Camino de la Exclusión está basado en la discriminación; en él hacemos una distinción entre lo que es esencial en nuestro Yo y lo que no lo es.
El Camino de la Inclusión está basado en el amor; en él se ve que todas esas distinciones no tienen existencia real, y descubrimos nuestra intimidad innata con todos los aparentes objetos y seres.
Este Camino del Amor lleva a lo que podría denominarse Iluminación Encarnada, en la que la comprensión de la verdadera naturaleza de Consciencia eternamente presente e ilimitada va impregnando gradualmente todas las facetas de la vida, penetrando y saturando el cuerpo, la mente y el mundo con su luz. Es un proceso que nunca termina.”
Rupert Spira
“En su predicación Cristo choca inevitablemente con el orden religioso establecido. El bien y el mal para el sistema religioso y social no coinciden necesariamente con el bien y el mal en sí.
Cristo viene a anunciar que ni Dios ni el hombre pueden ser aprisionados dentro de estructuras prefijadas, sociales o religiosas. El hombre no puede encerrarse en sí mismo, sino que debe estar continuamente abierto a las imprevistas intervenciones de Dios.
El mundo puede usar y abusar de la religión para atar al hombre en nombre de Dios. Pero Dios no quiere atar, sino liberar. La religión puede liberar al hombre, pero puede esclavizarlo aún más cuando se abusa de ella. Es capaz de hacer mejor el bien, pero también puede hacer peor el mal.
Por eso, con Cristo, todo queda trastocado. Con él, un viejo mundo se acaba y reaparece otro, donde los hombres tienen la posibilidad de ser valorados, no por lo que las convenciones morales, religiosas o culturales determinan, sino por lo que, el sentido común, el amor y la total apertura a Dios y a los otros, descubren como la voluntad concreta de Dios.”
Leonardo Boff
“¿Por qué Dios te creó para estar en el centro de mi ser? Eres absolutamente sagrada para mí. Te has convertido en un foco de luz inaccesible. Los soles se forman con la luz de tus entrañas y, desgarrado de amor por ti, mi clamor se convierte en un derrame de fabulosas estrellas indómitas. Me despierto consciente de mi razón de ser, que eres tú. Nuestra suerte es irreversible. Hemos sido bendecidos en este sueño, cuya luz secreta se nos presenta después de varios intentos.”
Thomas Merton